A finales de agosto es habitual que el calor dé paso a tormentas fuertes y repentinas. Para quien va en moto, una tormenta de verano es una de las situaciones más complicadas: de pronto llueve a mares, la visibilidad cae en segundos y la visera se empaña. Con un poco de preparación, ver bien en esas condiciones es posible. Te damos las claves.
La visera del casco es el cristal más importante de la moto. Con lluvia, cualquier arañazo, suciedad o grasa se convierte en un velo que multiplica los reflejos de los faros y de los semáforos. Si en seco ya notas que te molesta, con agua será peor.
El vaho aparece cuando el aire caliente de tu respiración se encuentra con una visera fría. Lo mejor es combinar varias soluciones:
Si la lámina antivaho está desgastada, con marcas o ya no ajusta bien, no merece la pena seguir usándola. Cambiarla es sencillo y barato frente a lo que supone no ver durante una tormenta.
Si tu moto lleva pantalla, comprueba que está limpia y sin arañazos profundos. Con lluvia, el agua se queda pegada en los defectos y forma gotas que distorsionan la vista. Algunos conductores aplican un repelente de agua específico para plásticos; si lo haces, usa un producto compatible con el policarbonato.
Los espejos también cuentan. Límpialos y asegúrate de que están bien orientados y bien fijados. Si están rotos, empañados por dentro o con la carcasa agrietada, merece la pena sustituirlos. En cualquier tienda de recambios para moto puedes encontrar espejos, tornillería y soportes para tu modelo, además de piezas pequeñas como gomas o juntas de la pantalla.
Prepararse con tiempo hace que una tormenta de agosto sea un contratiempo y no un peligro. Revisa la visera, la pantalla y los espejos esta semana, antes de que lleguen las lluvias del otoño.